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 Image Nora Bossong

Las actas de Weber

Frankfurter Verlagsanstalt
Frankfurt am Main 2009
ISBN 3-627-00159-1
284 páginas


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Reseña
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 Reseña

Hace diez años en Alemania a Nora Bossong aún se la hubiera etiquetado como una “Miss Maravilla”. Hoy en día la escritora de veintisiete años puede ser considerada con naturalidad como una particularmente talentosa escritora de la joven generación, la cual se hizo notar al principio con su poesía, luego en el año 2006 debutó en la novela con un texto que tuvo muy buena acogida, Gegend (Zona), y ahora ha sorprendido con un material narrativo inusual para los autores de su generación. Webers Protokoll (Las actas de Weber) narra a través de una elaborada y compleja construcción fragmentaria que se desarrolla en diversos planos temporales la historia de un diplomático que en 1943, desempeñándose como vicecónsul alemán en Milán, malversa fondos y que al caer en la mira de su nuevo jefe, un férreo seguidor del nacionalsocialismo, para salir del aprieto acepta trabajar por dinero ayudando a huir a perseguidos del régimen. Estos negocios lo llevarán a encontrarse aún más entre la espada y la pared, por lo que finalmente huirá a Suiza. Cuando después de la guerra pretenda reingresar al servicio diplomático de la República Federal Alemana, su pasado volverá a salir a su encuentro.

Documentos que Nora Bossong descubrió accidentalmente fueron los que la incitaron a escribir la novela; el minucioso trabajo de investigación que la autora realizó luego le permitió adquirir no sólo sólidos conocimientos históricos, sino una asombrosa captación de la atmósfera de las distintas épocas y los distintos ámbitos en los que se desarrolla la historia. Con gran maestría va saltando así entre la época nazi, la época del milagro económico alemán y el presente, hace que una joven narradora reconstruya el caso que será objeto de una discusión con un anciano diplomático, puede ir cambiando de escenarios con elegancia y desdibuja los límites entre el material documental de las actas y la ficción. Pero su foco principal está puesto en los diversos matices y los vaivenes del protagonista, ese hipocondríaco y oportunista Dr. Konrad Weber, cuya imaginaria afección de la vista ilustra quizás en un símbolo demasiado cargado de significado cómo rehúye el personaje la verdad y cómo no quiere ver la realidad, representando así, podemos pensar, a la mayoría silenciosa de sus compatriotas y contemporáneos.

Imposible pasar por alto con cuánta frecuencia se repite la expresión “Weber está seguro de que”, y en realidad quiere decir absolutamente lo contrario: este arribista temeroso no logra percepciones inequívocas sobre nada, ni sobre sí mismo ni sobre sus motivaciones, ni sobre los sucesos que tienen lugar en su entorno, ni sobre la realidad política y social ni sobre las intenciones ni los móviles de las personas con las que se relaciona. Al lector le corresponde entonces reflexionar sobre el carácter de un hombre que cumple concienzudamente con las tareas de su cargo y luego malversa grandes sumas de dinero; que ayuda a judíos y opositores al régimen no por propia convicción, sino para provecho propio; que si bien no simpatiza con los nazis, recién rompe con el régimen cuando se trata de salvar su propio pellejo.

Con notable empatía y agudeza Nora Bossong ha logrado dar forma a ese carácter multifacético y siempre cambiante de su antihéroe, haciendo que éste a su vez se traduzca en una sofisticada técnica narrativa. Además, más allá de esto, se arriesgó a vincular la verdadera historia de Eugenio Pacelli, a quien como el Papa Pío XII le cupo un papel dudoso y hasta el día de hoy muy discutido durante el Tercer Reich, con el caso Weber. La partida de ajedrez que atraviesa la novela como metáfora refleja muy bien el talento combinatorio de la autora y subraya lo ambicioso del proyecto. Y el siempre recurrente motivo de la jaula de los pájaros no sólo se puede interpretar como cifra de un sistema cerrado dentro del cual los personajes no tienen escapatoria, sino también como imagen de una estructura narrativa finamente construida dentro de la cual durante la lectura de la novela uno también se siente aprisionado casi de un modo fantasmal.

Kristina Maidt-Zinke
Marzo de 2009
[Traducción de Claudia Baricco]



  
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