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Luego de la multipremiada opera prima El murmullo de las garrapatas (Zeckengeflüster), Ann Cathrin Raab presenta Un hombre sale a recorrer el mundo (Ein Mann geht in die Welt), su segundo libro infantil, que, en 2009, al igual que el anterior recibe un premio de la Fundación Stiftung Buchkunst por su excelente diseño y concepción. Nuevamente el contenido y la ilustración se corresponden a la perfección, de manera novedosa y escapando a las convenciones. Por eso, la historia del hombre que se marcha para huir del tedio agobiante de sus cuatro paredes no sólo despertará el entusiasmo de los niños sino también de los adultos.
Y así comienza la historia: en una habitación mezquina con una ventanita diminuta –casi parece la celda de una prisión– hay un hombre que está triste y no sabe qué hacer de su vida. Adentro, claro, está a resguardo de todo lo que podría acecharlo afuera, pero también está solo. Y entonces toma una decisión valiente: quiere echarle un vistazo al mundo. Con cautela, se asoma a la esquina y da un primer paso. Ya delante de la puerta de casa hay un animalito esperando, similar a un caballo, que le genera mayor curiosidad y dibuja una primera sonrisa en su rostro. Sigue caminando, pero primero se dirige sólo hasta el jardín, donde cava un hoyo y contempla la tierra.
Pero después cobra más valor y se anima a dar un salto a las nubes para observar a los hombres desde las alturas. Y hay mucho por descubrir allá abajo: de un lado hay una playa de arena junto al mar con chicos jugando, más cerca una gran pradera verde donde unos juegan al fútbol y otros están parados de cabeza, y del otro lado, en el medio, está su casa. Pero todavía no quiere regresar, porque su aventura apenas ha comenzado y sin darse cuenta ya no está más solo. Cada vez más animalitos se van sumando a su camino –un pájaro con una flor rosa, un caballito, una oveja– y lo acompañan ahora en su travesía en barco por el mar.
Después de cruzar el océano llega a un país lejano, donde encuentra lo que tanto anhelaba: un ser humano con quien interactuar. Detrás de una palmera se esconde a medias una hermosa mujer, y el hombre, regalándole la flor que trajo consigo, le pregunta: "¿Me muestras tu mundo?" Con la flor en el cabello, ella lo lleva a una cueva con dibujos, a su pueblo color arcilla y a un manantial burbujeante. A la noche bailan juntos en el fogón y el hombre sonríe. Y después, cuando el fuego se apaga y cae la noche color índigo, se dan un beso de despedida, con gran delicadeza, mientras pasa una mariposa.
Con el comienzo del alba, el hombre alza las velas y emprende el camino de regreso. Pero esta vez hacen falta dos barcos, porque con uno no basta para llevar consigo a todos los compañeros de viaje, los animalitos que a esta altura lo acompañan: un elefante, un perro, un mono, un pez, un dragón y la mariposa, para mencionar tan sólo a algunos.
Cuando sale la luna, llega a su casa, cansado, pero –y esto es lo importante– feliz. Abre la puerta de calle y hay algo que ha cambiado. Pero él ha visto tantas cosas que lo primero que hace es quedarse dormido en su sillón. Mientras tanto, a su alrededor el cuarto se ilumina con la suave luz de las estrellas, la ventana es más grande que antes y se puede ver el exterior. Ahora, el interior está colmado de colores, porque los compañeros y los recuerdos que trajo consigo ocupan todo el espacio. Muchos duermen –el elefante sobre el marco de la puerta, el dragón a los pies del hombre y el pez en la pecera– sólo hay una que no duerme: en el marco de la puerta está parada la mujer, sonriendo.
La seducción que ejerce Un hombre sale a recorrer el mundo también proviene en gran medida de la lograda unión entre relato y diseño general. Porque con cada nuevo paso que el hombre osa dar hacia el mundo también hay, página a página, más detalles para descubrir. A lo largo de todo el libro llaman poderosamente la atención los contornos bien definidos, que otorgan a las figuras un carácter casi abstracto y sin embargo logran situar así los sentimientos de estos en el centro del relato. Con esta intensidad de los dibujos bastan pocas líneas para esbozar caracteres profundos, que transmiten mensajes emocionales fáciles de entender para los chicos.
También la coloración, en armonía con el contenido, resalta el respectivo estado anímico del protagonista. Los fríos espacios interiores, en un inicio en tonalidades de gris y beige, se contraponen a los descubrimientos del hombre en el exterior, que paulatinamente van cobrando color, cuando navega por el mar azul profundo o encuentra a su amada en los cálidos tonos ocres del país lejano. Pero mientras su casa al comienzo se presentaba vacía y de una estrechez opresiva, al final se reencuentran allí todos los colores y compañeros del viaje y hacen que la misma habitación de repente se revele como amplia y colorida.
El viaje por el mundo no sólo transformó y enriqueció la casa, sino también al hombre. Todo comenzó con su decisión de querer descubrir algo, y al final su miedo frente al mundo cedió al sentimiento de que el viaje a lo desconocido puede otorgar nuevos colores a la vida. Con Un hombre sale a recorrer el mundo Ann Cathrin Raab ha logrado escribir un libro infantil que incita a redescubrirse a sí mismo y a los demás. Porque con una gran porción de curiosidad y atención para con el mundo pueden atesorarse experiencias y compañeros que hacen que toda la vida se vea de repente de otra manera.
Andrea Müller
Julio de 2010
[Traducción de Martina Fernández Polcuch]
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