 |  |  |  | Nora Bossong Las actas de Weber
Kiepenheuer & Witsch
2008
En realidad, lo que emprende el narrador anónimo en primera persona de la nueva novela de Uwe Timm es una suerte de viaje al más allá. Un día gris de noviembre, visita el Cementerio de los Inválidos en Berlín y se deja escoltar a través de las hileras de tumbas por un señor enjuto que, con sus zapatos de hebilla y su tapado entallado, tiene un aire vagamente prusiano. Al igual que el Virgilio de Dante, este señor, llamado “el hombre gris”, conoce a los habitantes de ese terreno, le revela a su protegido sus orígenes y sus biografías, brinda explicaciones e indicaciones. Los muertos toman la palabra en forma espontánea, y el narrador casi no es más que un oído sobredimensionado. Un racimo de voces se extiende sobre aquel lugar inhóspito, un coro de testigos de época a través de los siglos. Generales, almirantes, pilotos de caza, sturmführer de las SA, soldados rasos, civiles. Algunos se expresan con una rispidez de reminiscencias militares, están llenos de orgullo, son incorregibles; otros parecen acobardados o quebrados. Hay muertos famosos, como Scharnhorst, von Richthofen o el tristemente célebre Heydrich.
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