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 Image Uwe Timm

Penumbras

Kiepenheuer & Witsch
Colonia 2008
ISBN 978-3-462-04043-2
272 páginas


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En realidad, lo que emprende el narrador anónimo en primera persona de la nueva novela de Uwe Timm es una suerte de viaje al más allá. Un día gris de noviembre, visita el Cementerio de los Inválidos en Berlín y se deja escoltar a través de las hileras de tumbas por un señor enjuto que, con sus zapatos de hebilla y su tapado entallado, tiene un aire vagamente prusiano. Al igual que el Virgilio de Dante, este señor, llamado “el hombre gris”, conoce a los habitantes de ese terreno, le revela a su protegido sus orígenes y sus biografías, brinda explicaciones e indicaciones. Los muertos toman la palabra en forma espontánea, y el narrador casi no es más que un oído sobredimensionado. Un racimo de voces se extiende sobre aquel lugar inhóspito, un coro de testigos de época a través de los siglos. Generales, almirantes, pilotos de caza, sturmführer de las SA, soldados rasos, civiles. Algunos se expresan con una rispidez de reminiscencias militares, están llenos de orgullo, son incorregibles; otros parecen acobardados o quebrados. Hay muertos famosos, como Scharnhorst, von Richthofen o el tristemente célebre Heydrich.

Todos ellos encarnan en conjunto las herencias de la historia alemana: desde las guerras de conquista de Federico el Grande, pasando por las guerras de unificación de Bismark hasta la Primera y la Segunda Guerra Mundial, desde el militarismo prusiano hasta las atrocidades de los nacionalsocialistas. Las implicancias de las coyunturas de época para el destino individual se muestran a través del ejemplo de la aviadora Marga von Etzdorf. Ella es el centro gravitatorio de este mosaico armado con gran arte, y en torno de esta mujer, que en su uniforme de cuero encarnó una nueva femineidad, que se convirtió en estrella en virtud de sus vuelos de larga distancia y que en 1933, a la edad de veinticinco años, decidió suicidarse, se agrupan las voces que aparecen con mayor frecuencia.

Este collage de voces lleva el título de Penumbras (Halbschatten) y, básicamente, el término traza la empresa estética: alternando luces y sombras, transmitidas por los distintos discursos de los muertos, las figuras van ganando precisión. Las luces y las sombras también desempeñan un papel en el nivel de los tópicos: son un elemento de diseño de los espacios japoneses, lo oscuro se vuelve inteligible a partir de las gradaciones de las sombras. El núcleo del libro: una historia de amor. Luego de aterrizar en Japón, Marga von Etzdorf se topa con el cónsul alemán Christian von Dahlem, otro piloto que en la Primera Guerra Mundial le escapó milagrosamente a la muerte gracias a una cigarrera de plata en el bolsillo de su chaqueta. Desenfadadamente mundano, este hombre la cautiva de inmediato. Dahlem le ofrece alojamiento en su cuarto, que divide en dos por medio de una cortina. Mutuamente perceptibles únicamente como contornos de sombras, entre ellos va desencadenándose en el transcurso de la noche una conversación íntima sobre las pasiones. Pero esta atmósfera erotizante no tiene consecuencias; sólo la cigarrera se desliza de un lado a otro por debajo de la cortina. Dos años más tarde, Marga se halla en busca de alguien que le financie un vuelo a África, Dahlem le sugiere un nombre y, engañada, Marga vuela en una misión nacionalsocialista. Luego de un aterrizaje forzoso en Siria, se suicida de un disparo. No sólo el amor no correspondido, sino también la experiencia de haber sido instrumentalizada parecen arrastrarla a dar ese paso.
Claro que todo esto no se nos presenta de un modo tan unidimensional y lineal; el enigma alrededor de la temprana muerte de esta joven mujer constituye el elemento que aporta suspenso a la novela. Uwe Timm interrumpe constantemente la conversación nocturna: los otros habitantes del cementerio discuten acaloradamente sobre el tema, todos meten la cuchara en el asunto. Quien interviene más a menudo es Miller, el actor, que estaba fascinado con la audacia de Marga para volar y hubiese querido ser el que la conquistara.

Uwe Timm, inspirado tal vez por el carácter simbólico del arte japonés, renuncia a un desarrollo épico de sus distintos planos narrativos y recarga de simbolismo algunos tópicos en particular: los aviones, la cigarrera de plata de Dahlem con la esquirla del disparo, vasijas japonesas reconstruidas a partir de añicos. Además, el autor juega con el lector el mismo juego que Dahlem escenifica con Marga, erigiéndolo a través de golpes narrativos en un personaje dudoso, mefistofélico. A primera vista, el diplomático parece tratar a su huésped con enorme franqueza. Introduce a Marga en la belleza de la pintura y la cerámica japonesas, le sonsaca sus secretos y le habla de la mujer de un amigo con la que tuvo un affaire. Al igual que Marga, uno se deja encandilar por su carismática forma de ser, sin darse cuenta de que el diplomático permanece absolutamente impenetrable. De hecho, él es el único que no pide la palabra desde la tumba; sus dichos los reproducen Marga y Miller desde el recuerdo. Con ello, el punto de fuga velado de los acontecimientos permanece indefinido. Sólo al final de la novela Christian von Dahlem se da a conocer.
Penumbras produce el efecto de un móvil, flotante, girante y abierto en muchos sentidos. El material documental se completa con ficción, adquiriendo una precisión nueva. Sutilmente, Uwe Timm insinúa las condiciones de la mentalidad histórica que dio origen al nacionalsocialismo. Lo monstruoso de esa época nos sale al encuentro no sólo con el estratega del Holocausto Heydrich, inventor del “fichero de opositores” para los disidentes del partido, cuya voz aflautada se encontraba en flagrante contradicción con su aspecto marcial, sino también con Dahlem, quien, con su actitud apolítica y su distanciada inescrupulosidad, termina allanándoles el camino a los esbirros del nazismo. La única que sale indemne, a pesar de sus aterrizajes forzosos y de que el mito de la mujer voladora va empalideciendo, es Marga von Etzdorf. Su muerte es su destino alemán.

Maike Albath
Agosto de 2008

Publicado por primera vez en el periódico Frankfurter Rundschau el 29/08/08



  
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