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La crisis bancaria y financiera sacudió la economía mundial y causó transformaciones profundas a nivel global. Pero en realidad, ¿de quién es la responsabilidad de la crisis? En su segunda novela, Yo no fui, Kristof Magnusson busca, y encuentra, respuestas a esta compleja pregunta.
No solo ofrece al lector un libro atrapante y compuesto de forma inteligente, sino también una aclaración de las complicadas relaciones económicas, que resulta fácil de entender y está llena de humor, y que además es muestra de una investigación minuciosa.
En esta novela de Magnusson es especialmente notable la elaborada composición, donde se van combinando y estrechando cada vez más los distintos hilos narrativos de una forma refinada, elevando el suspenso, y de este modo queda ilustrada la multiplicidad de capas presente en el tema de la crisis financiera. Sin descanso, el lector va cambiando la perspectiva según los tres protagonistas, que alternativamente funcionan como narradores en primera persona; pasa así de Londres a Hamburgo y de Chicago al distrito de Nordfriesland. La acción no avanza cronológicamente sino que se superpone y se cruza; Magnusson presenta repetidas veces el mismo suceso desde cada una de las miradas de sus tres personajes principales.
Ellos son: Meike Urbanski, una joven traductora literaria de Schanzen, el barrio de moda de Hamburgo, quien durante diez años ha estado „funcionando bien“ con su pareja. Después de los pasos dos, tres y cuatro en la relación, es decir, después de construir un círculo de amigos en común, de mudarse juntos y de empezar a pensar en niños, ella está lista para el quinto y último paso: la huida, a escondidas, de su vida burguesa hacia algún lugar perdido de Nordfriesenland. Allí espera saciar su „nostalgia de ese lugar que no sé dónde está“ y poder dedicarse con tranquilidad a la traducción de la nueva novela del autor norteamericano de bestsellers Henry LaMarck. Cada mañana mira ilusionada en el buzón, con la esperanza de al fin recibir el manuscrito y poder empezar con la traducción.
Pero lo que ella no sabe es que, hasta el momento, no hay ni una idea ni una sola palabra escrita de esa novela, puesto que Henry LaMarck, ganador del premio Pulitzer, también está huyendo, más precisamente, huyendo de su editorial, de la prensa y en especial de sí mismo. Pues para poder seguir el ritmo de sus interlocutores en un talkshow de la BBC, ha anunciado sin meditarlo y espontáneamente la existencia de una novela sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre, elevando el interés general con la declaración – por supuesto falsa – de que trabajaba en secreto en esta novela ya desde el momento en que había tenido lugar el atentado. Ahora, su editorial espera de él la novela del siglo, que habrán de imprimir en millones de copias. Al quitarse la presión de lo público pasando a la clandestinidad, La Marck espera poder encontrar al fin la inspiración necesaria para la novela prometida.
Al mismo tiempo, Meike Urbanski decide sin demora viajar personalmente a Chicago para ponerse a la búsqueda del manuscrito tan esperado. Ya sobre la base de esta constelación – la traductura muy celosa de su trabajo que busca a su autor, en fuga y atormentado por una crisis de creatividad – Magnusson desarrolla una grotesca red de relaciones que posee un considerable potencial cómico. Pero no contento con esto, completa el conjunto de personajes de su novela con una tercera figura, que se irá convirtiendo cada vez más en el centro de la acción.
Este tercero en el conjunto es Jasper Lüdemann, de 31 años, que ha salido de un pueblo cercano a Bochum y logrado llegar hasta Chicago, donde trata de hacer carrera como operador del banco de inversiones Rutherfold & Gold. En realidad, este pujante bancario no puede permitirse ni compasiones ni simpatías, y sin embargo intentará ayudar a un colega que con especulaciones erradas se ha metido en un aprieto. Pero su operación de rescate va quedando cada vez más fuera de control y, como consecuencia, en sus negocios especulativos se verá confrontado con un negativo que crece continuamente. Mientras su preocupación por que alguien pueda descubrir sus fracasos va en aumento, se encuentra por azar con Meike, la joven traductora. Con ella, de inmediato, tiene la sensación de que „todo estaría bien“ y, por lo tanto, se propone volver a verla sin falta.
Pero para ella „este tipo es tan aburrido como solo pueden hacerlo un traje y una Blackberry“. Su interés está centrado únicamente en Herny LaMarck, pero éste no quiere saber nada de ella. Una vez que Meike lo encuentra, LaMarck le muestra bastante rudamente el camino para que salga de su habitación de hotel. Pues el autor está pensando en algo muy distinto: leyendo el „Chicago Tribune“ acaba de dar con la foto del joven y atildado Jasper Lüdemann, operador de acciones, de quien se enamora inmediatamente y en cuya cara parece residir todo lo que ha buscado durante un año: „Un banquero desesperado – qué perfecto símbolo del mundo atacado el 11 de septiembre.“
A su vez, Jasper solo condesciende en tratar con LaMarck porque de esta forma espera poder impresionar a Meike. Para tener contactos regulares con él, LaMarck autoriza a Jasper a especular con su fortuna, por cierto nada insignificante. Pero Jasper no llegará a hacerlo. Si bien las pérdidas ocasionadas por él mismo no le parecen tan dramáticas („no se las podrían llamar unas migajas, pero en el fondo eran eso“), el negativo, que ha crecido a seis mil millones de dólares, conduce a Rutherfold & Gold a la quiebra, hace tambalear el mercado de valores y obliga al banquero a huir a Alemania. Antes de partir, siguiendo un impulso espontáneo transfiere la fortuna completa de LaMarck a la cuenta de Meike y se despide de su lugar de trabajo con una última, breve nota: „Lo lamento. Jasper.“
Así es cómo, para sorpresa de todos, al final se reencuentran de vuelta en casa de Meike, en una provincia del norte alemán, tanto Herny LaMarck, que debido a las transacciones de Jasper se cree en la ruina financiera y por eso debe seguir clandestino, como también Jasper Lüdemann.
Este triángulo tragicómico ayuda a Kristof Magnusson a generar un final feliz, desbordante pero coherente en sí mismo, en el que Jasper y Meike se reúnen, mientras que a la traductura le espera un futuro profesional brillante y Henry LaMarck, con recobrada serenidad, pasa a un retiro bien merecido y hasta recupera la fortuna que creía perdida.
Con gran sutileza narrativa, Kristof Magnusson ha catapultado a sus figuras al centro del contexto global de la crisis financiera. En esto, lo especialmente fascinante es que el autor ya había empezado a escribir el libro antes de la crisis mundial – casi como si la hubiera visto venir. Las perspectivas cambiantes y el trato juguetón con sus personajes, que con el avance de la acción van ganando profundidad, transforman con facilidad impresionante esta compleja temática financiera en una literatura sumamente lograda. Es así como Magnusson consigue dar rostro a esta no-concreción de la crisis financiera: el rostro de Jasper Lüdemann – y esto es, para la propia sorpresa, hasta uno simpático.
Christian Kahnt
Octubre de 2010
[Traducción de Mariana Dimópulos]
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