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 Image Felicitas Hoppe
Michael Sowa (Ilustrador)

Yvain, el Caballero del León

S. Fischer Verlag
Fráncfort del Meno 2008
ISBN 978-3-596-85259-8
256 páginas


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Reseña
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 Reseña

En su primer libro para niños, la premiada escritora Felicitas Hoppe cuenta la historia de Yvain, el Caballero del León. La obra está basada en el romance escrito alrededor del año 1200 en alto alemán medio por Hartmann von Aue, quien a su vez se inspiró en el poeta francés Chrétien de Troyes para recrear el motivo artúrico. Así, este libro para niños de Felicitas Hoppe cuenta con un fuerte anclaje en la tradición. El resultado es una historia atrapante y emotiva, rica en imágenes, que transporta al lector a un mundo de fantasía.

Yvain, el Caballero del León está dividido en dos grandes secciones. La primera parte, titulada “Yvain”, narra la partida de Yvain de la corte del Rey Arturo y su casamiento con Laudina. Luego, cuenta cómo el caballero cae en desgracia y debe comenzar otra vez desde el principio. La segunda parte, “El Caballero del León”, narra cómo Yvain supera airosamente nuevas aventuras con el león a su lado y logra volver junto a Laudina. Esta división en dos partes refleja la doble estructura del original medieval. (No olvidemos que Hoppe es una experta en el Iwein escrito en alto alemán medio por Von Aue). Además, la estructura bipartita permite hacerse una visión de conjunto de la compleja trama, algo a tener en cuenta cuando se escribe para lectores jóvenes. Asimismo, la división en capítulos muy breves ayuda a los lectores a orientarse. Los capítulos tienen entre tres y cinco páginas y llevan títulos temáticos.

Hoppe sigue a Hartmann von Aue en gran parte de la trama, pero sabe perfectamente que debe “traducir” la historia para un público joven. ¿Qué significa exactamente que Yvain y Laudina intercambian sus corazones? ¿Y por qué Yvain vuelve a dejar a su mujer, a pesar de que acaba de casarse con ella y que la ama más que a su propia vida? Para responder a estos interrogantes que podría suscitar la lectura, Hoppe se vale de un narrador omnipresente, que explica aquellos puntos de la trama que no resultan lo suficientemente claros para lectores no versados en literatura medieval. La voz de este narrador se dirige a los niños desde el comienzo del libro, como si les estuviera leyendo en voz alta y volviéndolos sus confidentes.

“¿Conocen la historia de Yvain, que un día, de tan aburrido que estaba, salió en busca de aventuras e intercambió su corazón con otra persona perdiendo así la razón? Luego de eso, vagó por el Bosque Eterno y tuvo que pelear contra un millar de monstruos, pero al final todo terminó bien. ¿Les gustaría saber cómo fue? Entonces escúchenme con atención, porque nadie podría contarles la historia mejor que yo: yo estuve ahí en persona”.

En la versión de Hoppe, Yvain es un aventurero que está harto de escuchar nada más que historias inventadas en la corte del Rey Arturo. La aventura (término con el que Hoppe traduce libremente el alto alemán medio âventiure) lo tienta tanto que emprende la marcha sin siquiera despedirse del Rey Arturo ni de su mejor amigo Gauvain. En el “País de al Lado”, un hombre monstruoso, vestido con pieles de animales y cubierto de mugre, le indica el camino a la fuente de las tormentas. Una vez allí, Yvain no duda en verter agua sobre la piedra, como le han indicado. Inmediatamente se desata una terrible tormenta, pero como señala el narrador, no se trata de una tormenta ordinaria, dado que en este país lejano y lleno de aventuras hasta las tormentas son de dimensiones monstruosas. “Ustedes saben cómo son las tormentas. Primero vienen los relámpagos, después los truenos y después la lluvia. Pero esta tormenta fue peor que una tormenta de relámpagos y truenos, y la lluvia que siguió no fue de agua sino de granizo, con piedras que matan todo lo que vive y respira”.

El mismo Yvain cae al piso, pero debe levantarse inmediatamente, dado que el Señor de aquellas tierras, un caballero temible, aparece y desafía al intruso a un combate singular. Yvain sale airoso, y hiere gravemente a su adversario, quien se da a la fuga. Sigue al caballero hasta su castillo, pero el enemigo logra ponerse a salvo, dejando a Yvain atrapado entre las dos puertas de entrada del castillo. Su situación parece desesperada pero entonces aparece la astuta doncella Luneta, quien le muestra una salida y le entrega un anillo para hacerse invisible. Munido de éste, Yvain penetra en la fortaleza y ve cómo el Señor del castillo muere a causa de sus heridas. Ni bien ve a Laudina, la esposa y ahora viuda del caballero, se enamora de ella a primera vista.

Luneta manipula astutamente la situación para asegurarse de que su señora esté dispuesta a aceptar un nuevo marido, y Laudina se enamora de Yvain. La pareja se casa y, tal como ocurre en el poema medieval, intercambia corazones. No se trata de un proceso muy sencillo, como lo indica el narrador: “Tengo que decirles que no fue nada fácil. Hay que tener mucho cuidado, porque el corazón es muy delicado. Y además, el corazón de Yvain estaba acostumbrado a su propio pecho y el de Laudina al suyo”. Desde entonces, Yvain y Laudina están unidos para siempre.

Pero en ese momento llega Gauvain, el mejor amigo de Yvain en la corte del Rey Arturo, y vuelve a despertar su vieja sed de aventuras. Yvain le pide a su flamante esposa permiso para ausentarse (urloup, en alto alemán medio, un término cuyas raíces sobreviven en la palabra Urlaub –vacación, licencia- del alemán moderno), y promete volver al cabo de un año. Laudina, aunque triste, le permite a su esposo marcharse. En el transcurso de ese año Yvain pone a prueba sus habilidades caballerescas en justas y torneos junto a Gauvain, y le hace sobrada justicia a su reputación como el mejor de todos los caballeros. Pero con la excitación y el entusiasmo que le producen sus victorias, pierde noción del tiempo y se olvida del plazo: grave error. Ahora no le resulta tan fácil volver junto a Laudina. De tanta tristeza, pierde la razón.

El narrador explica lo que esto significa: “Si me preguntan qué es lo peor para un ser humano, les digo que no es el dolor, ni el miedo ni la culpa. Ni siquiera la desesperación. Lo peor es la soledad. Porque la soledad penetra en el corazón del hombre y desde allí se extiende a todas partes. La soledad sume al hombre en la confusión. Incluso puede hacerle perder la memoria”. Pasajes como éste ilustran uno de los puntos fuertes del libro: la vitalidad que adquieren los personajes.

Por supuesto, Yvain se recupera. Le salva la vida a un león y encuentra en éste un compañero fiel. Juntos emprenden una serie de aventuras, hasta que Yvain vuelve en sí. Una vez más es el mejor de todos. Y entonces llega el momento de pedirle a Laudina que lo perdone; al fin y al cabo, él sigue llevando en su pecho el corazón de ella, así como ella lleva el corazón de él.

Yvain, el Caballero del León, de Felicitas Hoppe, es un cuento de hadas narrado con maestría, en el que espontáneamente surgen imágenes de un mundo legendario lleno de aventuras. En algunos pasajes, incluso, el lector podrá establecer asociaciones con el misterioso bosque en que se yergue el castillo de Mattis en Ronja, la hija del bandolero de Astrid Lindgren, o con el valle de rosas silvestres de Los hermanos Corazón de León, de la misma autora. Cuatro maravillosas ilustraciones de Michael Sowa sirven de apoyo para que los lectores den rienda suelta a su imaginación. Pero que el libro resulte tan atrapante se debe en gran medida al narrador, quien toma a los niños de la mano y los conduce a su mundo de fantasía: “Así que olvídense de la escuela e imagínense un bosque”. Cabe cuestionarse si esta manera de narrar realmente se dirige en primer lugar al público juvenil para el cual la editorial lo recomienda, pero de lo que no cabe duda es de que estamos ante un libro extraordinario para ser leído por niños -o para leérselos en voz alta-, o para cualquiera que disfrute de una historia contada con inteligencia e imaginación.

Eva Kaufmann
Septiembre de 2008
Traducción de Carla Imbrogno



  
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