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 Image Sigrid Belzer

Los inventos geniales de la naturaleza.
Biónica para chicos

S. Fischer Verlag
Fráncfort del Meno 2010
ISBN 978-3-596-85389-2
351 páginas
A partir de los 10 años


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Reseña
Fragmentos de lectura
 

Cuando Sigrid Belzer escribe sobre biónica, el punto de encuentro entre la biología y la tecnología, tiene en claro de qué está hablando, porque en tanto licenciada en geología ha trabajado en el Centro de Biotecnología de la Universidad Técnica de Darmstadt. Pero su vinculación con esta disciplina no es solamente académica: hace años se dedica a acercar las ciencias naturales a alumnos, docentes y legos interesados. Esta notable combinación de experticia y libido pedagógica es marca característica de Los inventos geniales de la naturaleza, su libro para niños y jóvenes, que se convierte así en una experiencia estimulante no sólo para lectores de corta edad.

Al dirigirse a su público en forma directa, Sigrid Belzer logra incluir al lector desde el inicio en la fascinación que continúa ejerciendo la naturaleza incluso en una experta en el tema como ella: “En este libro leerás lo que los constructores de aviones aprendieron de las aves […] y por qué algunas plantas siempre conservan su pulcritud”. Bienvenido, entonces, el asombro ante los milagros de la naturaleza, bienvenida la pregunta por el “porqué”, por las maneras en que funcionan los fenómenos de la naturaleza y los inventos más diversos y el modo en que están vinculados entre sí.

La claridad con que está estructurado así como la riqueza y expresividad de sus ilustraciones hacen que este libro, caracterizado de principio a fin por un lenguaje claro y conciso, pueda explicar asuntos complicados de manera evidente sin por eso verse obligado a renunciar a la complejidad inherente al objeto de estudio. Tanto es así que ya en los párrafos iniciales, con el ejemplo del antepasado del caballo, nos enteramos de la utilidad evolutiva de la “facultad imaginativa” que reina en la naturaleza.

Biónica para chicos –tal el subtítulo del libro– abre un amplio panorama: los temas abarcan desde el sueño ancestral de volar propio de la humanidad, con las tradicionales referencias a la leyenda de Ícaro y a los estudios de Leonardo da Vinci, pasando por los conocimientos de la robótica hasta las problemáticas actuales de la obtención y eficiencia energéticas. La autora lo hace combinando niveles macro y micro, la investigación de avanzada y las preguntas fundamentales con lo que experimentamos día a día. Por ejemplo, al vincular entre sí el cierre velcro, el efecto de autodepuración nanotecnológica de la flor de loto y los “trucos” fascinantes de los insectos, Belzer transmite una imagen multifacética acerca de “sujeción, adhesión y purificación” en la naturaleza y la tecnología.

Los cuadros, intercalados con destreza, que ofrecen información acerca de una serie de palabras clave, permiten una lectura transversal, y junto con los estimulantes experimentos participativos, explicados sin nunca perder de vista al lector al que apunta el libro, profundizan cada uno de los temas. El hecho de que esta invitación a experimentar uno mismo resulte tan sugestiva se debe además, y en gran medida, a Peter Nishitani, el ilustrador hamburgués, y a sus dibujos.

Como al pasar, Sigrid Belzer consigue transmitir una imagen positiva de la curiosidad, el placer de experimentar y el anhelo de saber. A los lectores “picados por la curiosidad” les muestra que registrar la metodología de ensayo y documentar los resultados termina funcionando como una receta de cocina: sólo si al final uno sigue sabiendo con precisión cuánta harina y cuántos huevos llevaba el bizcochuelo se puede repetir el deleite y transmitirlo a los demás.

Finalmente, cuando la autora se despide de su público luego de 350 páginas con el llamamiento a “explorar el mundo”, a volcarse ahora a experimentos propios, los lectores no sólo se divirtieron y aprendieron. Lo que queda bien claro es que la virtud de los “inventores geniales” es, en primer lugar, haber conservado la curiosidad infantil y la audacia para formular preguntas.

Michael Sellhoff
Diciembre de 2010
[Traducción de Martina Fernández Polcuch]



  
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